Muchas personas se preguntan si una empresa estaría mejor en manos privadas o públicas, y curiosamente Renault ha pasado por ambos modelos.

Expropiada por el gobierno francés y luego devuelta a ser privada, Renault ha tenido un camino de crisis y problemas que casi le llevan a la quiebra. ¿Te gustaría conocer su historia y qué le depara el futuro?

El comiendo de Renault

Renault fue fundada en 1899 por tres hermanos, unos jóvenes con distintas habilidades y una pasión por el motor y los negocios.

Por un lado se encontraba Louis, un brillante ingeniero que ya había construido varios prototipos de vehículos antes de aliarse con sus hermanos. Por el otro lado se encontraban Marcel y Fernand, quienes habían desarrollado habilidades para los negocios trabajando en la firma textil de su padre.

Louis se encargaría del diseño y la producción de los vehículos, mientras que sus dos hermanos se ocuparían de gestionar el negocio. Parecía la alianza perfecta.

La familia empezó a fabricar y vender sus primeros vehículos, y pronto se dieron cuenta del gran valor de la carreras de coches para promocionarlos. Renault empezaría a involucrarse en competiciones por toda Europa, e incluso participarían en ellas los propios hermanos.

Por desgracia, uno de los hermanos, Marcel, moriría en un accidente compitiendo en estas carreras, y Fernand acabaría falleciendo poco después por problemas de salud. Louis se había quedado solo para dirigir la compañía, e iba a tener que hacer frente a muchos obstáculos en el futuro.

Renault siguió creciendo durante los siguientes años, y comenzó a fabricar muchos vehículos distintos. En pleno comienzo de la Primera Guerra Mundial, Renault encontró un gran negocio ayudando al ejército con vehículos de transporte, y empezó a fabricar autobuses y camionetas para militares.

Algo parecido haría cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, alternando su fabricación de vehículos militares con la de coches y maquinaria industrial. Sin embargo, pronto este segundo conflicto se volvería en su contra.

Resulta que tras la Batalla de Francia de 1940 y la victoria de Alemania, Renault quedó controlado por los nazis. Louis se vio obligado a crear vehículos para el bando alemán, mientras el bando de Gran Bretaña y Estados Unidos bombardeaba constantemente sus fábricas.

Al final de la guerra, Louis fue arrestado por colaborar con los nazis, y moriría por causas desconocidas en la cárcel. Sin una persona que dirigiera la empresa ni un sucesor claro, el gobierno francés expropiaría la compañía, y en 1945 Renault pasaría a estar en manos públicas.

Durante las siguientes décadas Renault continuaría el modelo de negocio que llevaba hasta entonces. En un principio, el gobierno francés pretendía que la empresa solo fabricara camiones, pero los directivos se opusieron viendo el potencial de seguir creando coches.

Renault sería dividida entonces en varios departamentos diferentes, uno para los coches comerciales, otro para grandes vehículos como camiones y autobuses, y un último para maquinaria industrial. Sin embargo, esta gran diversificación de la empresa le acabaría trayendo problemas.

Al borde de la bancarrota

Resulta que para mitad de los años 80, Renault ya estaba al borde de la bancarrota. La compañía tenía cierto éxito con sus ventas, pero sus pérdidas anuales llegaban casi a los 2 mil millones de $. Renault generaba muchos ingresos, pero también tenía enormes gastos.

El gobierno francés intervino en la compañía cambiando al director ejecutivo, pero unos años más tarde la situación volvió a repetirse. Renault se estaba dando cuenta de que permanecer bajo control del Estado estaba yendo en su contra, ya que no conseguía ser lo suficientemente competitiva respecto a otros fabricantes.

Es entonces en 1996 cuando el gobierno vende las acciones de Renault a inversores, y la compañía vuelve a convertirse en privada. Esto le daba más libertad de acción para expandirse y tomar decisiones más rápido, algo que Renault agradecería en los próximos años.

Una vez la empresa quedó privatizada, Renault resolvió sus problemas financieros reorganizando la compañía, recortando gastos y haciendo más eficiente su cadena de producción. El cambio más importante fue el de centrarse en la fabricación de coches, y vender sus divisiones de autobuses, camiones y maquinaria que solo le causaban pérdidas.

Sin embargo, la situación global había cambiado mucho desde que Renault fue expropiada. Habían surgido muchos competidores en la industria del automóvil que además se habían expandido por todo el mundo, y si Renault quería sobrevivir iba a necesitar aliados.

Una de estas alianzas trató de hacerla con Volvo poco antes de que volviera a ser privada. Renault había firmado un acuerdo que le permitía acceder al mercado de coches de alta gama en el que Volvo tenía buena presencia, mientras que este último podía aprovechar los diseños de Renault en el mercado de gama baja y media.

La relación entre ambas empresas estaba yendo tan bien que a punto estuvieron de fusionarse. Sin embargo, en el último momento, los accionistas de Volvo se negaron, pagando a Renault 1200 millones de $ por recuperar la mayoría de sus acciones y romper la alianza que habían hecho.

La alianza entre Renault y Nissan

Tras la salida de Volvo, Renault buscó a un nuevo compañero para luchar en una industria cada vez más competitiva. Es así como en 1999 Renault funda una alianza con la japonesa Nissan, compartiendo acciones y propiedad entre ambas empresas.

Lo bueno de esta alianza iba a ser el funcionamiento independiente de las compañías, que permitiría a cada una luchar en sus mercados mientras colaboraban en investigación y reduciendo costes. Ambos tenían necesidades parecidas, pero mientras el mercado de Nissan se centraba en Japón, China y Estados Unidos, Renault estaba centrado en Europa, con lo que no se harían la competencia.

De hecho, Renault ya había firmado un trato con un comerciante japonés para vender muchos más coches en el país, pero tras su alianza con Nissan decidió retirarlo como muestra de buena voluntad.

A esta alianza acabaría entrando Mitsubishi y también colaboraría con ella Daimler, el fabricantes de Mercedes Benz. Para Renault, la mayor ventaja de la alianza consistía en el intercambio de información que tenía con los demás fabricantes, en especial en el desarrollo de coches eléctricos que quería liderar.

Todo parecía ir sobre ruedas para Renault desde que se volvió privada. Más beneficios para la compañía, más velocidad en la transición hacia los coches eléctricos y una fuerte alianza con otros fabricantes. Pero quizás, en el fondo, la realidad era muy diferente.

Los problemas de la fusión

Resulta que la alianza que Renault y Nissan habían establecido años antes no era tan justa como podía parecer.

A pesar de que Nissan era más grande, Renault tenía el 43% de las acciones del fabricantes japonés, mientras que Nissan solo tenía el 15% de Renault. Cuando la alianza se firmó en 1999 Nissan se encontraba prácticamente en la quiebra debido a la crisis económica que Japón estaba pasando. Esto hizo que su poder negociador fuera mucho menor, y Renault pudiera tener un trato más favorable.

Además, las acciones que Renault había conseguido tenían derecho a voto, mientras que las de Nissan carecían de él. En la práctica, esto significaba que Renault podía decidir en los asuntos internos de la compañía como elegir a los altos directivos de Nissan, mientras que esta no tenía poder sobre Renault.

Pero en este reparto de poderes había otro problema. ¿Recuerdas cuando antes hemos dicho que Renault pasó a ser privada? Resulta que el gobierno francés no se desprendió de todas sus acciones, y sigue manteniendo el 15% de la compañía con derecho a voto. Esto significa que Francia tiene también un control considerable sobre Nissan, algo que a la compañía japonesa no le hace ninguna gracia.

De hecho, en 2015, el mismo Emmanuel Macron estaba preocupado por esta alianza. Por aquel entonces, Macron era el ministro de economía de Francia, y temía que Nissan estuviera adquiriendo acciones de Renault para tener el control de la compañía.

Fue entonces cuando pasó una ley que le diera más poder de voto a los accionistas con más de 2 años de antigüedad en la compañía, para así bloquear una posible toma de control por Nissan.

Además, el gobierno francés llegaría a aumentar su participación del 15 al 20% en la compañía argumentando una defensa contra Nissan. Sin embargo, esto causó miedo entre los directivos de Renault, quienes temían que esto fuera un nuevo intento del gobierno por nacionalizar la compañía, y ejercieron presión para que un par de años más tarde Francia volviera al 15%.

Pero a pesar de estas disputas internas, Renault y Nissan saben que se necesitan, y ambos han anunciado que no tienen planes de disolver la alianza.

Después de todo, la industria del automóvil sigue estando igual o más competida que desde que empezaron la alianza, y romperla solo perjudicaría a ambos. Además, el sector en el que se encuentran suele ser uno de los más perjudicados durante épocas de recesiones económicas y tensiones geopolíticas, y la situación actual no parece que les vaya a favorecer.

Desde luego, Renault ha tenido una historia llena de retos, en la que la propia Francia y su gobierno han tenido un gran peso. Quien sabe si su alianza con Nissan y su apuesta por los coches eléctricos lograrán asegurarle el futuro. Solo el tiempo lo dirá.

Lecciones principales:

1. Socios complementarios: Cuando Renault fue fundada por los hermanos estos no tenían las mismas habilidades, sino que cada uno estaba especializado en algo distinto. Si nos asociamos con alguien a la hora de fundar una empresa, es importante que tengamos diferentes perfiles para poder realizar efectivamente todas las tareas.

2. Focaliza tus esfuerzos: Durante los años 80 y 90 Renault se fue encontrando en situaciones cercanas a la quiebra debido a haber diversificado tanto. No fue hasta que se empezó a centrar en lo que mejor hacía, los coches, cuando empezó a ver beneficios. En nuestras empresas muchas veces centrarnos en lo que funciona puede ser lo mejor para sobrevivir.

3. Cuidado con los contratos: Al firmar la alianza entre Renault y Nissan, esta última se encontraba en una posición bastante desfavorable que provocó un mal contrato para ella y lastró la relación entre ambos. Cuando firmemos un contrato es importante saber exactamente qué estamos firmando, y pensar cuáles serán las consecuencias de este en el largo plazo.



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