¿Te has preguntado alguna vez si las empresas son beneficiosas para el mundo? Muchos están convencidos de que las empresas ayudan y satisfacen las necesidades de la gente, mientras que otros desearían que estas no existieran.

Sin embargo, hay una compañía que ha conseguido enamorar a ambos bandos, y hacer que tanto empresarios como activistas consigan estar de acuerdo. ¿Te gustaría conocer la historia de The Body Shop y cómo la logrado esta hazaña?

Así fue como empezó todo

Anita Roddick era una joven británica que vino al mundo en mitad de la Segunda Guerra Mundial. Siendo hija de inmigrantes y con problemas económicos, su vida no fue fácil, y desde bien pequeña tuvo que trabajar ayudando a sus padres en su cafetería. Sin embargo, ninguno de estos problemas frenaría a la joven.

Pese a que estudió educación e incluso llegó a dar clases, Anita se pasó gran parte de su juventud viajando. Como los billetes no solían abundar en su cartera, mientras viajaba, tenía que espabilarse para llegar a los lugares que pretendía.

En ocasiones, para ir arreglada, Anita preguntaba a las mujeres que se iba encontrando cómo podía mejorar su imagen sin gastarse mucho dinero en ello. Gracias a las respuestas de esas preguntas, la joven se volvió una experta en cosméticos naturales.

Por otro lado, además de no contar con mucho capital, también le molestaba profundamente tener que comprar productos de belleza en envases exageradamente grandes.

¿Y si no le gustaba? ¿Y si al final los aborrecía? ¿Qué pasaba si en su viaje querría coger un avión y cambiar de país? ¿Por qué tenía que tirar un producto que le había costado tanto dinero?

No solo le irritaba el gran tamaño de los recipientes, sino que debido a las formas tan sofisticadas que tenían suponían un sobrecoste innecesario. Y pese a que ella aún no lo sabía, esa mirada crítica sobre el sector de los cosméticos iba a hacerla rica.

Más adelante, cuando dio por finalizada su etapa como viajera, volvió a casa y su madre le presentó a la persona que se convertiría en su socio y marido. Como consecuencia del afecto que sentían el uno por el otro, no pasó mucho tiempo hasta que se casaron y tuvieron dos hijas.

Desafortunadamente, en su segundo parto, mediante una transfusión sanguínea, contrajo la hepatitis C, la enfermedad que años después terminaría con su vida.

Al contrario de lo que puede que estés pensado, ese trastorno no la frenó en ningún momento. Es más, la impulsó hacia sus metas, ya que era más consciente del tiempo limitado que le quedaba. Con dos hijas y un marido a su cargo, Anita emprendió por necesidad. Tenía que mantener a su familia.

Así que influenciada por el negocio de sus padres, ella también decidió emprender en el sector de la hostelería, dirigiendo un hotel y dos restaurantes, pero ninguno de aquellos negocios acabó triunfando.

Y no solo fracasó en su primera aventura empresarial, sino que además su marido estaba decidido a marcharse dos años a América para cumplir su gran sueño: cruzar el nuevo continente montado a caballo.

Con la responsabilidad de la maternidad pesando sobre sus hombros, y sin el apoyo de su pareja, tuvo que estrujarse el cerebro para dar de comer a sus hijas.

¿En qué sector podía emprender? ¿Qué conocimientos tenía ella que los otros no tuviesen? ¿Cómo podía desmarcarse de la competencia creando un producto único? La respuesta a todas esas preguntas dio como resultado su primera tienda de cosméticos, The Body Shop.

Con el fin de poner en marcha un negocio con todo aquello que había aprendido sobre el maquillaje en sus viajes, fue al banco a pedir un crédito, pero no le fue concedido.

Anita aseguró que la negativa del banco se debía a que era mujer, y algo de razón debía de tener, ya que su marido no tuvo muchos problemas en obtener algo más de 5.000 dólares. Con ese dinero puso la primera piedra de su imperio, abriendo su primera tienda en medio de dos funerarias.

Una mirada crítica al sector de los cosméticos

El motivo de la empresa era claro: vender productos cosméticos naturales a bajo coste. No obstante, ella se desmarcaría de sus competidores al no experimentar con animales para testar sus productos.

Igualmente, ofrecería un servicio de reciclaje y rellenado. Por ejemplo, si ibas con una botella de agua vacía a su tienda y pedías que te la llenara con uno de sus 15 artículos, lo haría encantada.

Y es que al haber vivido la escasez de la Segunda Guerra Mundial, no entendía porque se tenían que tirar los envases cuando se terminaba el producto, si se podían volver a reutilizar.

De ahí que The Body Shop, ya desde sus inicios, fuera considerada una empresa responsable con el medioambiente, muchos años antes de que las tendencias ecologistas se impusieran en gran parte del mundo.

Y no solo se desmarcó de sus competidores con políticas que eran respetuosas con el medioambiente, sino que también decidió gastar relativamente poco en publicidad.

De hecho, aborrecía profundamente que chicas de 18 años anunciaran productos para contrarrestar el envejecimiento. Quería que personas reales que utilizaran sus productos fueran quienes la recomendaran, y que fuera el marketing de boca-oreja lo que la hiciera conocida.

Gracias al reducido coste de publicidad y a su régimen de rellenado, centró todos sus recursos en producir envases de cinco tamaños distintos para cada producto. De esa forma el cliente podía probar los artículos sin tener que arriesgar mucho dinero en ellos, y pasar a tamaños más grandes si le gustaba.

Y aunque esa idea sobre los envases revolucionaría el sector unos años después, lo cierto es que los inicios de The Body Shop serían bastante duros.

Problemas de financiación

Como el establecimiento se encontraba mal situado no entraban muchos clientes. Quizás los que se animaban a acceder acababan repitiendo, pero en sus primeros momentos eran demasiado pocos.

Además, el estado de la tienda dejaba mucho que desear, ya que al contrario de lo que pensaba la mayoría de clientes, el negocio no estaba pintado de color verde para resaltar el mensaje ecologista, sino para ocultar el moho de las paredes.

Sin embargo, poco a poco, gracias a la calidad de sus productos y los valores de la empresa, el negocio fue creciendo. Tal fue así que, en menos de un año, Anita decidió subir la apuesta y pedir otro crédito para abrir una nueva tienda. Sin embargo, el banco volvió a denegarle el préstamo.

Ese fue un duro revés para ella. Imagínatelo, ¡con su marido en la otra punta del mundo y al cuidado de dos niñas! ¡Ahora que las cosas por fin le empezaban a ir bien el banco volvía a ponerle palos en las ruedas!

Afortunadamente, debido a la inversión de un amigo, Anita consiguió abrir otro establecimiento. Y con esa nueva inyección de dinero no solo abrió otro comercio, sino que también aprovechó para aumentar el stock de sus productos, dando así más posibilidades a sus clientes.

Aprovechando una tendencia

Con esos cambios y el regreso de su marido, que rápidamente sumó esfuerzos en el negocio familiar, The Body Shop despuntó por encima de sus competidores.

Puesto que el ambientalismo cada vez se hacía más presente en todos los países de Europa, Anita aprovechó la oportunidad para crecer fuera de Inglaterra. Ese era el momento en el que famosas ONGs como Greenpeace estaban naciendo, y la emprendedora intuía que más personas estarían dispuestas a aceptar su mensaje.

La decisión fue todo un éxito, ya que en pocos años el negocio iba tan bien que se permitió el lujo de abrir dos tiendas al mes, convirtiéndose en poco tiempo en una franquicia con más de 800 locales alrededor del mundo.

Además, no solo consiguió seducir a sus clientes, sino que también conquistó a los inversores. Y es a mediados de los 80 cuando The Body Shop salió a bolsa, teniendo un gran recibimiento.

Como consecuencia de ese éxito, Anita se hizo exageradamente rica. Sin embargo, a partir de ahí su visión cambió. Ella creía en la responsabilidad social de los negocios, y se sentía obligada moralmente a devolver al planeta aquello que había ganado.

Nuevos proyectos solidarios

Con esa idea en mente, Anita impulsó el comercio solidario con el tercer mundo. A pesar de que muchas otras empresas financiaban proyectos de caridad, The Body Shop optó por tejer vínculos con las comunidades más desfavorecidas.

Así, con el fin de ayudar a los más necesitados, la compañía compraría productos naturales de estos países a precios justos. Al mantener unos costes bajos tanto de publicidad como de envases, el incremento del gasto no supondría apenas un aumento del precio final, y The Body Shop estaría ayudando directamente a esas personas.

De la misma forma, también se involucró y colaboró con ONGs ambientalistas. La empresa trabajaría junto a organizaciones como Greenpeace realizando varias campañas de concienciación, llegando a sectores como el tráfico de niños, los derechos de los animales y la violencia machista.

De hecho, gracias a sus esfuerzos consiguió cambiar las leyes de 24 países.

Cabe destacar que estas luchas medioambientales a su vez mejoraban la imagen de su empresa, ya que al predicar con el ejemplo muchas veces era recompensada por el altavoz de los medios de comunicación.

El crecimiento meteórico de la empresa solo se vio interrumpido en 2006, cuando a pesar de poseer más de 2000 franquicias, 77 millones de clientes y presencia en 51 países, Anita decidió vender la empresa embolsándose una gran fortuna.

Los problemas de la venta de la compañía

Ciertamente, esa decisión generó mucha polémica entre los compradores de la compañía, ya que no solo la dirección cambiaba de manos, sino que el nuevo dueño era L'Oréal, una empresa que sí permitía testar sus productos con animales.

Anita quiso calmar los ánimos revelando en una entrevista que quería ser como un “caballo de Troya” para L'Oréal. Su intención era influir en las decisiones de la empresa desde dentro, y cambiar precisamente los valores de la compañía que la había comprado.

Sin embargo, por desgracia para Anita y los clientes de The Body Shop, su objetivo no se vio cumplido. A los pocos meses de haber vendido su empresa, la enfermedad que contrajo durante el parto de su segunda hija se agravó. Anita había sido diagnosticada de cirrosis, y acabó falleciendo a los 64 años de una hemorragia cerebral.

L'Oréal mantuvo The Body Shop dentro de su grupo de empresas durante un tiempo, pero las críticas por parte de sus clientes y el descenso de sus ventas harían que decidiera venderla.

¿Qué pasó con The Body Shop?

De esta forma, en 2017, The Body Shop pasaría a ser parte de Natura, una empresa brasileña de maquillaje natural. Los valores de esta compañía eran mucho más parecidos a los que Anita tenía, y con ella la empresa que originó comenzó a recuperarse.

En la actualidad, The Body Shop sigue vendiendo productos naturales, tratando de cumplir la misión que su fundadora vio en ella. Quién sabe qué hubiera hecho Anita con su compañía de seguir viva, pero si algo está claro es que logró construir un proyecto capaz de conmover a activistas y a empresarios por igual.


Lecciones principales:

1. Emprender significa solucionar problemas: Anita consiguió hacer triunfar su idea de negocio gracias a solucionar un problema que ella misma y otras mujeres habían tenido. Las empresas han de satisfacer las necesidades de las personas si quieren tener éxito, si no, no habrá forma de que consigan ganar dinero.

2. Crea una productocracia: The Body Shop apenas invirtió en publicidad para hacerse conocida, pero con el tiempo consiguió llegar a millones de personas gracias al marketing de boca-oreja. Si tienes un producto extraordinario y algo de tracción, es cuestión de tiempo que esos primeros clientes recomienden a otros.

3. Ten unos valores y un porqué claro: Cuando L´Oréal compró The Body Shop hubo una disonancia entre los valores de ambas empresas, haciendo que sus clientes dejaran de comprarle y finalmente obligándole a venderlo. El mensaje que lanzamos con nuestras acciones es importante, y puede marcar una diferencia en el éxito de nuestra empresa.



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