¿Sabes cuál fue la primera película animada? Blancanieves y los siete enanitos, producida por el mismo Walt Disney.

¿Te gustaría descubrir la historia que se esconde detrás de la persona que consiguió revolucionar el entretenimiento?

Los primeros años de Walt Elias Disney

Walt Elias Disney nació en una humilde familia el año 1901, en Chicago.

Con pocos recursos y siendo el cuarto de cinco hermanos no tuvo una infancia fácil. Ya desde bien pequeño se vio obligado a ayudar a su padre a labrar las tierras y vigilar la granja, hechos que marcarían todas sus películas tanto por la importancia de los paisajes rurales como del comportamiento de los animales.

Al contrario de lo que puedas pensar, Disney no fue un estudiante brillante. Al igual que genios de la altura de Bill Gates o Albert Einstein, Walt Disney no resaltó en la escuela cuando estudiaba Bellas Artes, así que a los 16 años dejó los estudios para participar en la Primera Guerra Mundial.

Inspirado por las aventuras de su hermano Roy, que se encontraba batallando al frente, él también quiso ayudar a su país conduciendo ambulancias en terreno enemigo.

Aunque al final no entró en la guerra quedó fascinado por la arquitectura europea, que al igual que los paisajes rurales y el movimiento de los animales, influiría de forma importante en todas sus obras.

¿Cómo empezó Disney en la animación?

Al regresar a casa entró a trabajar como becario para una empresa publicitaria, donde seguiría desarrollando sus dotes de dibujante. Además, fue en esa agencia donde conocería uno de sus grandes socios, Ub Iwerks, la persona que junto con Disney sería la responsable de crear más adelante el ratón más famoso del mundo: Mickey Mouse.

Tanto Disney como Iwerks se tomaron la estancia en el mundo de la publicidad como un entrenamiento para aprender y desarrollarse como animadores. Así que una vez terminaron el período de prueba renunciaron y emprendieron por su cuenta, creando una empresa de animación con el objetivo de comerse el mundo. Pero realmente no fue así.

Pese a que sus habilidades delante del papel ya eran notables, sus balances económicos eran un completo desastre, es decir, elaboraban un producto realmente bueno pero se pasaban tal cantidad de horas realizándolo que no les salía para nada rentable. Definitivamente, la gota que colmó el vaso fue la quiebra de su principal cliente ya que con su caída se llevó por delante la empresa de los jóvenes dibujantes.

Después de morder el polvo Disney decidió cambiar de aires y se trasladó a Hollywood, donde quiso probar suerte buscando trabajo en el cine convencional.

Cansado de picar puertas sin resultado alguno volvió a los orígenes y fundó otra compañía con su antiguo socio y su hermano Roy, que sería el encargado de evitar otro desastre económico como el de su primera empresa.

Con la intención de encontrar nuevos clientes mostraron sus antiguos trabajos a las productoras. Gracias a la calidad de esos proyectos no tardaron mucho a encontrar una compañía que apostara por ellos. De hecho, no solo encontraron una empresa, sino que la llevaron hasta lo más alto.

Su primer éxito

Gran parte de la fama que acarrearon fue gracias a la creación de Oswald, el conejo afortunado, un personaje dibujado a 4 manos para varios cronometrajes realizado en la década de los años 20.

A consecuencia del éxito de Oswald, Disney pidió un aumento de sueldo a la productora, y no solo no se lo concedieron sino que lo invitaron a irse. Pero lo peor de todo no fue el despido sino que también descubrió que los derechos de su obra maestra no le pertenecían a él sino a la empresa por la cual lo había dado todo.

Disney no pensaba quedarse de manos cruzadas así que decidió crear otro personaje por su cuenta, para así rivalizar con su antigua obra. De ese esfuerzo nació Mickey Mouse, un ratón animado que curiosamente se parecía muchísimo a Oswald.

Sin embargo, los primeros pasos de Mickey Mouse no fueron exitosos ni mucho menos. Sus aventuras eran divertidas pero no sobresalían entre sus competidores. Para revertir esa situación Disney optó para producir cortos animados con sonido, convirtiéndose en la primera persona de la historia en lograrlo. De hecho, fue el mismo Disney el encargado de poner la voz del ratón.

Un duro golpe

El resultado fue todo un éxito, pero justo cuando las cosas le empezaba a ir bien, su socio abandonó la empresa. Iwerks no se sentía lo suficientemente valorado por Disney, así que cogió la puerta y se marchó.

Ese fue un serio revés para la compañía ya que no solo se marchaba uno de sus líderes sino que también tenían que buscar un sustituto para su mejor animador.

Pese a la dificultad del reto Disney consiguió dar con la tecla y reemplazar con gran éxito su antiguo asociado.

Para que la marcha de un dibujante nunca jamás volviese a ser un problema, la compañía empezó a dar clases de animación gratis, así los dibujantes podían incrementar sus habilidades y la empresa, al aportarles valor y conocimiento, aumentaba la fidelidad de sus trabajadores.

En esas clases se estudiaba desde el movimiento humano, hasta el movimiento de los animales pasando por las nuevas tecnologías de la animación. La notoriedad de esas lecciones fue tal que poco a poco la empresa pasó de ser un estudio a una escuela de animación.

Con un equipo perfectamente formado, Walt Dinsey estaba preparado para empezar la aventura más ambiciosa que jamás había emprendido un estudio de animación: la producción de un largometraje.

Por aquel entonces, debido a la limitada tecnología de que se disponía y la cantidad de recursos que se necesitaba cuando se animaba solo se realizaban cortos. Pero una vez más Disney estaba determinado a cambiar radicalmente esa situación.

Y pese a multiplicar por seis el presupuesto inicial de la obra y tras dos años de duro trabajo, Blancanieves y los siete enanitos por fin vio la luz.

¿Cómo ganó su primer Oscar?

El triunfo del largometraje fue arrollador y se convirtió en la película más taquillera del año. Además de conquistar el público también sedujo a los críticos que terminaron premiándola con un Óscar.

La gloria conseguida por Blancanieves animó a su máximo responsable a seguir arriesgando con largometrajes de gran calidad y por lo tanto, gran volumen de trabajo. A consecuencia de ese esfuerzo se produjeron Pinocho y Fantasía, dos películas que pese a ser consideradas obras maestras del cine de animación fracasaron económicamente por sus desorbitados presupuestos. Sin embargo, la peor noticia para el estudio aún estaba por llegar.

Para tirar adelante proyectos de tales envergaduras muchos de los 2000 trabajadores con los que ya contaba la empresa tuvieron que remangar el hombro y hacer horas extra. El estrés que ocasionaron esas películas junto a unos salarios lejos de ser espectaculares terminó desembocando en una huelga laboral.

La acción de protesta paralizó la productora un par de meses hasta que Disney aceptó las peticiones de los trabajadores.

De hecho, perdonó pero no olvidó. Tan pronto como la ley se lo permitió hizo rodar las cabezas de sus empleados. Como consecuencia de la huelga y la posterior venganza la compañía perdería su gran imagen, aunque eso no afectó en absoluto al recibimiento que tendrían sus largometrajes en taquilla.

A partir de ahí, con la empresa rindiendo otra vez al 100% se produjeron obras que seguramente recordarás, como Dumbo o Bambi, que devolvieron el prestigio a Disney.

Con la máquina de producción engrasada y la fama recuperada Disney volvió a arriesgar y apostó por el entretenimiento pero ahora en la pequeña pantalla.

Para ese medio realizó películas infantiles de acción real y documentales, ambos géneros fueron aclamados por la crítica. Naturalmente, gran parte de los beneficios que obtuvo la compañía en la televisión los destinó a la realización de películas.

Con esa inyección de dinero Walt produjo la que sería su largometraje favorito, Cenicienta. A la gloria de ese cuento de hadas lo siguieron obras de las que seguramente también habrás oído hablar como Alicia en el País de las Maravillas y Peter Pan.

Decidido a emprender e innovar

La popularidad de las películas alcanzó tal nivel que Disney decidió unir todos sus universos en un mismo escenario así que construyó un parque de atracciones. Sin embargo, Disneyland no era un parque convencional, sino todo lo contrario.

Walt reformuló el concepto y en lugar de clientes para que disfrutaran de las atracciones él buscaba invitados. Ese simple replanteamiento dio como resultado un mejor servicio al cliente y una más que disfrutable experiencia.

Tras la construcción de Disneyland, Walt se preparó para retirarse, no obstante la empresa respondió eficientemente.

Con las riendas de la productora ahora en manos de los animadores más veteranos se siguieron haciendo películas con una calidad visual y narrativa deliciosa.

Últimos años de vida

Mientras que ocurría el traspaso de poder en la compañía, Disney enfermó de un cáncer de pulmón y no pasó mucho tiempo hasta que finalmente se murió.

Hoy en día, más de medio siglo después de su fallecimiento, Walt Disney sigue siendo la persona que ha ganado más Óscars en toda la historia. Aun así puedes estar seguro de que no será recordado por el número de estatuillas doradas que ganó sino por haberse atrevido a emprender e innovar tanto en el cine como en la televisión y los parques de atracciones. Y es que como solía decir Disney, si tienes una idea la mejor forma de empezar es dejar de hablar y ponerse manos a la obra.




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