Imagina construir una empresa que todos pensaban que iba a cambiar el mundo, pero que terminó siendo uno de los mayores fraudes de la historia. Theranos es una empresa con un recorrido lleno de conspiraciones, donde estafas e incluso muertes mancharon su memoria.

¿Cómo es posible que una compañía tan fraudulenta como Theranos consiguiera 700 millones de $ en financiación y funcionara más de 10 años sin que nadie descubriera el fraude?

Elizabeth Holmes era una niña proveniente de una familia adinerada, y que desde pequeña sabía lo que quería: ser multimillonaria.

Cuando tenía 19 años, Elizabeth fue a un viaje a Asia con la Universidad de Stanford, donde vio cómo una enfermedad respiratoria acababa con la vida de muchas personas. Esto la determinó en su deseo de cambiar el mundo, y al volver a casa trabajó incansablemente en su idea de negocio.

Tras cinco días sin apenas dormir, Elizabeth creó el prototipo de un parche capaz de medir constantemente la sangre, y que liberara las dosis adecuadas de medicamentos en sus pacientes. Sintiéndose segura de su invento, Elizabeth dejó la Universidad de Stanford, y empezó en 2003 su propia compañía.

La joven emprendedora tuvo problemas para convencer a inversores especializados en medicina, ya que carecía de los conocimientos científicos al haber dejado tan pronto la universidad. Sin embargo, fue capaz de convencer a otros inversores menos especializados, y levantar 6 millones de $ de financiación en apenas un año.

Para entonces su idea de negocio ya había cambiado, y ahora iba a ofrecer tests de sangre con un método aparentemente revolucionario.

El inicio de Theranos

La propuesta de valor que Theranos ofrecía era sencilla, pero suponía grandes ventajas a la industria médica. Los pacientes podían pinchar uno de sus dedos y almacenar las gotas de sangre en un cartucho, que a continuación se introduciría en una de las máquinas de la compañía.

Esta máquina mandaría la información vía online a un laboratorio, donde un personal cualificado interpretaría los resultados. Por último, el reporte sería enviado de nuevo por Internet a los pacientes, quienes cómodamente podrían leerlo desde su casa.

Las grandes ventajas de este método y la razón del boomb de Theranos eran su rapidez y la escasa cantidad de sangre que requería. Theranos podía mandar sus reportes tras pocas horas, comparado con los días que la forma tradicional tardaba, y requería 100 veces menos de sangre.

Gracias a ello, los inversores y los medios de comunicación empezaron a vender a la compañía como una completa disrupción. El ruido que Theranos estaba generando aumentaba aún más la inversión y las colaboraciones con otras empresas, como fue el caso del gigante farmacéutico Walgreens, que empezó a ofrecer los tests de sangre en sus establecimientos.

La realidad que escondía

Aunque de cara al público Theranos parecía un ejemplo absoluto de innovación, la realidad que se escondía tras sus puertas era mucho más macabra. Y una de sus mayores víctimas fue de hecho, su empleado estrella.

Ian Gibbons era un bioquímico con más de 30 años de experiencia, que ostentaba el título de científico principal de Theranos. Su trabajo era enseñar a otros empleados sobre la ciencia de los tests de sangre, y hacer de la tecnología de la compañía algo viable.

Gibbons fue una de las primeras personas en percatarse de los fallos de las máquinas de Theranos, que a menudo daban resultados erróneos. Esto acabó frustrando bastante a Gibbons, quien discutió sobre estos problemas con la dirección de la empresa. Lejos de hacerle caso, le dijeron que se limitara a hacer su trabajo, y que dejara de crear conflictos dentro de la compañía.

Gibbons se dio cuenta de que algo marchaba muy mal en Theranos, y que Elizabeth no paraba de frenar la solución de los problemas de la tecnología. Por otro lado, la empresaria despedía continuamente a los empleados que se le oponían o dudaban de ella, y ascendía a los que estaban de acuerdo.

Tras varios años en su compañía, Gibbons había dejado de confiar en Elizabeth, pero aun así siguió trabajando por hacer que la tecnología funcionara de verdad. Por desgracia para el científico, lo peor estaba a punto de venir.

Allá por 2013, Theranos ya se había ganado varios enemigos, y la compañía fue demandada por una de sus patentes. Elizabeth puso a Gibbons como co-inventor de la patente, y los demandantes añadieron al científico a la lista de testigos para que diera cuenta de ella.

Cuando Gibbons se dio cuenta de que tendría que ir a testificar entró en pánico. Gibbons sabía que si decía la verdad, sería despedido a la edad de 67 años, con grandes dificultades para encontrar otro trabajo y poniendo en riesgo a sus compañeros.

Pero si mentía, Gibbons sabía que los pacientes usando la tecnología de Theranos estarían expuestos a más fallos de diagnóstico, con posibles peligros para su salud o incluso su vida.

Ante tal situación de estrés, Gibbons subió al baño la noche antes de testificar, y se suicidó con una sobredosis de medicamentos. Su esposa descompuesta le descubrió en el suelo a la mañana siguiente, y tras un gran esfuerzo llamó a Theranos para notificar su muerte.

Sin embargo, la mujer no recibió una llamada de vuelta de Elizabeth, sino un email de los abogados de Theranos, diciéndole que devolviera su portátil y cualquier material confidencial que tuviera.

Fraude destapado

Dos años más tarde, en 2015, el reportero John Carreyrou vio que algo marchaba mal con Theranos. El periodista empezó a investigar a la compañía, y a recabar información de los empleados que habían sido despedidos. En Octubre de ese mismo año, destapó todo el fraude de la empresa.

Resulta que Theranos usaba máquinas convencionales a escondidas para hacer sus tests de sangre. Cuando la compañía hacía alguna demostración para potenciales inversores, estos se iban a casa creyendo que la tecnología funcionaba, cuando en realidad un empleado cambiaba las muestras de sangre a máquinas tradicionales.

Lo mismo sucedía cuando Theranos hacía tests para pacientes con distintas enfermedades. El proceso era exactamente el mismo que el de hospitales, solo que la velocidad y la escasa cantidad de sangre que la compañía prometía hacía que hubiera mucho más errores.

Pero Theranos no solo había mentido con la tecnología que ofrecía, sino también con los reportes de ingresos que hacía a sus inversores. En 2014 por ejemplo, la compañía había reportado unos ingresos de 100 millones de $, cuando en realidad apenas sobrepasaban los 100 mil $.

No solo eso, sino que también mintió sobre compensaciones que tuvo que hacer. Cuando la farmacéutica Walgreens demandó a Theranos por incumplir su contrato años atrás, este dijo a sus inversores que tuvo que pagar menos de 30 millones de $, cuando en realidad la compensación llegó a los 140 millones.

Como podrás imaginar esto no les gustó ni a los pacientes, ni a los inversores ni a las autoridades médicas. Estas últimas iniciaron un proceso de investigación más profundo sobre la compañía, destapando aún más fraudes y mentiras que había dicho la empresa.

Una por una las compañías empezaron a terminar los contratos con Theranos, lo que obligó a la empresa a despedir a casi todos sus trabajadores y cerrar sus laboratorios.

Theranos había llegado a valer 9 mil millones de $ en su mejor momento, y ahora no valía nada.

¿Qué fue de Elizabeth Holmes y su compañía?

Elizabeth por su parte fue demandada por los pacientes, inversores y compañías a las que había engañado, al igual que el presidente de Theranos Balwani, que hasta entonces había sido el novio de Elizabeth.

En los juzgados se alegó que tanto Elizabeth como Balwani eran conscientes de la ineficacia de sus dispositivos, pero que ambos escondieron la información. Además, serían acusados con cargos por fraude y conspiración, teniendo que pagar una multa de 500 000$ para evitar los 20 años de cárcel que se les había impuesto.

Por otro lado, Elizabeth tendría que renunciar al control de su compañía, devolviendo todo el dinero que sus inversores le habían dado y sin poder ocupar ningún cargo público durante 10 años. En septiembre de 2018, Theranos dejaría de existir.

A día de hoy, la historia de Theranos sigue resonando por todo Silicon Valley, y ha inspirado la creación de libros y numerosos documentales. Elizabeth nunca llegó a disculparse ni admitir la culpabilidad de sus crímenes, pero las consecuencias de la estafa que creó con Theranos marcarán su historia para siempre.

Quién sabe si su fundador llegó a imaginarse lo que es ahora su empresa, pero puede estar orgulloso de que sus baúles iniciaran todo este imperio.


Lecciones principales:

Las estafas siempre se acaban descubriendo: El fraude de Theranos consiguió sobrevivir durante diez años, pero poco a poco sus mentiras fueron saliendo. Si engañamos a nuestros clientes estafándolos, tarde o temprano nos descubrirán, y tendremos problemas similares a los que tuvo Elizabeth.

Ten los conocimientos necesarios: Elizabeth había dejado la universidad tras apenas unos semestres, y no tenía los conocimientos necesarios para emprender en el mundo de la medicina. A la hora de emprender en sectores complejos es necesario tener una formación previa, y saber cómo funciona esa industria antes de querer cambiarla.

La importancia de la cultura empresarial: El estilo autoritario de Elizabeth inhibía cualquier posibilidad de mejora, y creaba un clima de tensión y miedo entre sus empleados por el temor al despido. En nuestras empresas es fundamental crear un ambiente en el que nuestro equipo esté a gusto y pueda florecer, lo cual repercutirá positivamente en su productividad y en el crecimiento de la empresa


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