November 2, 2025 · 3 min read
La lección más dura que aprendí con 11 años

Una de las lecciones más extrañas de mi vida me llegó con tan solo 11 años.
Es muy probable que tú también la hayas aprendido. Al menos cuando yo la descubrí, no tenía ningún tipo de sentido.
Te pongo en contexto.
Era diciembre del año 2001.
Por esa época yo iba como loco porque mis padres me compraran un ordenador. Muchos amigos del colegio estaban jugando a un nuevo juego que había salido ese mismo año.
El juego se llamaba Los Sims.
Supliqué a mis padres que quería un ordenador para poder jugar y, de paso, que me ayudase con los deberes del cole. Esa última parte era mi táctica de ventas para cerrar el trato.
Probablemente mis padres también querían un ordenador, ya que en casa no teníamos ninguno.
Y ese año, Papá Noel nos dejó bajo el árbol un ordenador nuevo y reluciente.
Aunque cuando vi para quién era, ponía que era para la familia entera.
Bueno, no era solo para mí… pero al menos teníamos ordenador en casa.
Lo que sí me hizo ilusión fue ver un regalo en forma de caja de juego de ordenador.
Lo abrí y, para mi grata sorpresa, vi el título deseado: Los Sims.
¡Ya lo tenía!
Ese mismo día instalamos el ordenador y me puse a jugar. Era un simulador de vida muy realista para la época. Me encantó.
Durante los siguientes meses jugué todas las tardes un rato, el máximo que me dejaban después de hacer los deberes.
Pero un día, en el colegio, empezó a correr el rumor de que había un truco para tener dinero infinito en el juego.
Según mis amigos, tenías que abrir la consola de trucos con Control + Shift + C y luego escribir la palabra: rosebud.
Cuando lo hacías, recibías 1.000 simoleones, la moneda del juego.
¿Cuánto más divertido sería el juego si pudiera tener todo el dinero posible?
Con ese truco podría tener todos los muebles y objetos en una sola tarde… ¡no en meses!
Llegué emocionado a mi casa con esta información privilegiada.
Abrí la partida que ya tenía empezada y seguí las instrucciones que me habían dado.
Tenían razón… después de teclear las palabras mágicas, mi dinero virtual subió en 1.000.
Lo introduje tantas veces que llegué a tener 1.000.000 de simoleones. Era millonario.
Compré todos los muebles, agrandé mi piscina virtual y añadí una nueva planta a mi casa.
Fui incorporando todo lo que quería hasta que me quedé sin dinero. Pero no había problema: abría el comando y añadía más.
Y entonces llegó la gran lección que te mencionaba al principio.
Sin reto alguno, el juego ya no era divertido…
¿Cómo podía ser?
El juego iba de eso: de conseguir la casa ideal, de tener todos los muebles posibles.
Pero tan solo una hora después de tener todo lo que quería… ya no quería conseguir nada más.
Ya no quería jugar más.
Qué extraño, pensé. Pero no le di muchas más vueltas.
Cerré Los Sims y abrí otro juego de estrategia que también tenía instalado. Uno que aún me suponía un reto.
Con tan solo 11 años, descubrí una poderosa lección:
Lo que se disfruta no es el destino, sino el camino.
El camino de aprender, de fallar, de adaptarte.
El camino de sufrir para conseguir lo que uno quiere.
Esta es una de las grandes lecciones que debes aprender como emprendedor: saborea todos tus momentos, aunque sean duros.
No dejes de aprender ni de probar nuevas estrategias.
No te frustres por estar estancado actualmente.
Estos son los mejores momentos del camino. No el destino final cuando ya seas exitoso.
No busques el truco de ganar dinero.
Busca las herramientas y los consejos que te permitan recorrer tu propio camino.
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Un abrazo y éxitos en tu camino.
Euge

